martes, 4 de noviembre de 2008

Espero que te guste

En múltiples momentos de nuestras vidas hemos hecho , ya, regalos. Regalos… hay de tantas clases… Regalos que haces, y te hacen, por aparentar que significas algo en sus vidas, regalos que resultan tan problemáticos para el que los hace como para el que los recibe, regalos que se llevan vidas, regalos que esconden lo inconfesable. Para bien, para mal, obsequiamos con cosas continuamente sin desearlo realmente. Le regalo algo porque ella lo hizo, le regalo algo porque me ha invitado a su cumpleaños –pero en el fondo no me importa lo más mínimo lo que haga con su vida-. Le regalo.. ¿para qué?.
Yo, personalmente, estoy cansada de tener que hacer regalos a gente que sé que tampoco me aprecia. Estoy cansada de recibir mentiras, sonrisas edulcoradas, llamadas programadas. No quiero tener que regalaros algo por invitarme a una fiesta a la que ni si quiera me ilusiona asistir.
Y esto viene porque he de comprar uno de esos regalos, sí. Para mí, uno especial. Un regalo a una persona que significa mucho en mi vida, un regalo que quiero hacer. Tengo que decidir. Tengo que decidir cómo transmitirle todo mi aprecio en un simple regalo. Estaba, o estoy, dispuesta a gastarme ciento cuarenta euros en el regalo de Víctor; estaba, o estoy, dispuesta a comprarle uno de esos Ipods chromáticos. Porque, a pesar de todo, le aprecio demasiado. Quizá uno de esos Ipods sea un regalo más propio de sus padres o de su pareja, quizá no se merezca un regalo así –eso me dicen- por cada uno de esos negros recuerdos. Quizá.
Sé, que él no es materialista y que podría hacerle feliz con cualquier tontería, sé qué va a hacerle mucho más feliz un simple beso de su novia que mis ciento cuarenta euros; pero la idea de regalárselo permanece al viento, como una bandera. Me dicen que no debo, eso me dicen.
Pero claro, no todo es hacer el regalo; no basta con eso. Intento imaginar qué sentirá él cuando lo vea, cuando advierta qué le ha regalado la amiga a la que tantas veces ha fallado, la amiga que olvida, la amiga que evita. Puede que se sienta en deuda conmigo y quiera devolvérmelo, puede que ni si quiera pretenda aceptar nada mío. No lo sé. Quisiera que lo desenvolviera y se lo guardara consigo, sin pensar, sin preguntarme, sin dudar. Para él, suyo; porque yo así lo he querido. ¿Por qué no?.
Y estoy desorientada, porque no sé qué debo regalar, ni si ir a su dieciocho cumpleaños. No sé qué intento comprar con ese Ipod realmente. No soy capaz de decidir, hoy.
¿Alguien me da su punto de vista?.

No hay comentarios: