domingo, 3 de agosto de 2008

A imagen del buen escritor


Dado que hoy me han pasado un capítulo de, quizá, una venidera novela, quiero escribir sobre los escritores aficionados, sobre aquellos que deciden, sin apenas pensar, que van a escribir un libro –normalmente esto, novelas- e incluso pretenden publicarlo. Quizá no sea una persona a la que se le permita hablar, y mucho menos escribir, sobre esto dada la falta de formación y experiencia que poseo; pero ya conozco a varias personas que tienen libros escritos, pretenden escribirlos o tienen la difícil tarea en mente y me ha apetecido opinar sobre el tema.

A mi forma de ver, un escritor necesita, sobre todo, cultura. Es inconcebible pretender escribir un libro sin una mínima formación cultural, y con “formación cultural” no me refiero a la mínima administrada por los colegios, institutos y demás; me refiero a la cultura que se adquiere leyendo, viendo mundo, tratando con gente, viviendo, creciendo y también escuchando. Pero sobre todo, leyendo.
El no culturizarse es cómodo. Si alguien tiene el propósito de escribir una novela y para ello es consciente de que ha de leerse otros diez libros, posiblemente deje el proyecto por pereza o falta de tiempo –quien no disponga de éste no es apto para escribir nada- . También argumentan lo cara que es la cultura: un libro, un viaje, una entrada a un museo, teatro, cine..; y estoy de acuerdo con ello, pero no dudo que muchos padres, aun sin poder llegar a fin de mes, compran a sus hijos –en navidad, cumpleaños o cuando sea- un juego para cualquier consola que fácilmente alcanza los sesenta euros. Sesenta euros son tres libros; pero claro, ni se sabe apreciar lo que proporciona la lectura ni los niños están orientados para saber leer.

La otra mitad es la de quien cree que está capacitado para idear y redactar una buena novela, o sólo novela, con los saberes que ya posee. A mi edad – reciente mayoría de edad- y a la de la grandísima mayoría de nuestra sociedad, la probabilidad de escribir una novela decente sin necesidad alguna de documentación es bastante baja, por no decir inexistente. No es sólo una historia lo que hay que tener.

Como ejemplo, mi tía. Marisa tendrá ahora unos cuarenta y cuatro años, y hace ya varios que decidió escribir una novela. Tenía tiempo, ha viajado, siempre ha sentido atracción por la cultura egipcia y, desde joven, los libros de Los cinco eran su droga particular. Escribió la novela, sí, una novela cuyo protagonista –Alf-, que reflejaba con total claridad a su hijo, vivía aventuras fantásticas relacionadas con una piedra mágica que se iluminaba de vez en cuando gracias a un ser que contenía –es de lo poco que recuerdo-. La redacción era pobre, viciosa, llena de faltas de ortografía –y es abogada-, con una trama que dejaba mucho que desear. La envió a varias editoriales y una de tantas le ofreció la posibilidad de publicarla. Hasta el momento no lo ha hecho. Quizá sea un buen libro de lectura juvenil y yo no lo sé apreciar; o no soy la lectora indicada, pero desde mi punto de vista eso no era una novela.

No soy escritora, ni erudita; pero creo que antes de comenzar a teclear es necesario estructurar la historia, visualizarla; tener claros los escenarios, saber qué conocimientos has de poseer para ser capaz de trasladarla a papel de forma adecuada y, sobre todo, reflexionar sobre si se está capacitado o no para hacerlo. Quizá este último punto sea omisible, porque es posible que nadie se vea capacitado para escribir una buena novela si se compara con los grandes escritores. Así, no creo que intentarlo sea perjudicial, pero se debe saber aceptar las críticas. Personalmente, cuando me deis vuestras novelas para que lea y opine, voy a juzgarlas objetivamente sin teneros en cuenta; porque aprecio un buen libro. Sólo os pido que leáis antes de cedérmelas.